Se ha terminado

Vivía en Madrid cuando le comenté tranquilamente a una buena amiga que no conocía Girls de Lena Dunham. Hace unos tres años. ¿Cómo se puede ser mujer, directora de cine, consumidora de series y no conocer Girls?

Al poco de aquello comencé a ver la serie. Tenía 28 años, las protagonistas de la serie veintipocos. Ví las primeras temporadas y las girls crecieron veloces. Ellas también cumplieron 28 de repente. Desde entonces hemos hecho juntas el camino hacia la treintena. 

El camino ha sido complejo. Al principio no conseguía conectar con las protagonistas. No empatizaba con aquellas mujeres neoyorquinas sin problemas. Se me hacía duro comprender a Hannah la protagonista. Me dolía su juventud, libertad y egoísmo. Los vaivenes sin sentido. Las tonterías de Nueva York.

Aun así, continué viendo la serie cada semana.

El otro día vi el último capítulo de Girls. De repente sentí un vacío profundo. Se terminaron las girls y con ellas, sus tonterías, las historias sin sentido, su hipocresía, su frescura y su libertad para ser egoístas. 

Entonces conecté con todas las girls por primera vez, y también con Hannah.

Me vi a mí misma joven, feliz y preparada para comerme el mundo en medio de Nueva York, mientras llevaba puestas las botas Salomon y los pantalones de campana. En aquella época en la que salía a la calle sin saber lo que me depararía el día. Yo también haciendo tonterías, con mi egoísmo, preocupándome de los problemas que no tenía. Libre, y aun así, con sed de libertad. Tragándome los segundos. Tragándome el mundo. Joven. Girl.